El índice de accidentes resulta menor a velocidades de marchas cercanas a la media específica del tráfico, y se incrementaba a medida que se producían mayores desviaciones de las velocidades estimadas con relación a la media. En buen romance, ello significa que también las velocidades inferiores a la media resultan ser fuente de accidentes.
La tasa de accidentes disminuía a medida que aumentaban las bajas velocidades, hasta llegar a promedios de 105 kph., valor en se producía la inflexión de la curva, volviendo a aumentar la tasa de colisiones.
Cirillo (3), en 1968, en un análisis similar de 2000 vehículos que participaron en choques diurnos en carreteras interestatales, confirmó los resultados de Solomon (4). El análisis se limitó a los accidentes referidos a dos o más vehículos viajando la misma dirección.
La figura 1 expone los resultados de ambos estudios.
En posteriores estudios, se encontró que la tasa de accidentes aumentaba para vehículos desplazándose a velocidades significativamente superiores a la media

